
La vida es como un viento a veces,
Un viento de esos inesperados
Que llego y golpeó la ventana
Hasta romper los vidrios
Algunos te lastiman
Y porque te lastiman
Te despiertan
Y porque te cortan
Te obligan a curarte
Y cuando todo pasa
Te decis
Era necesario este vendaval
Era necesario…
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El 27 de noviembre de 2006 un vendaval cruzo mi casa, mi familia, mi vida. Ese día mi hijo colapsó y pidió ayuda. Mi hijo de 16 años gritó ayuda. Lloró ayuda. Mi hijo, consumidor de pasta base, de la “última”, pero antes consumidor de alcohol, de marihuana, de basoco. Claro, que de todo eso yo me fui enterando después.
¿Cómo fue posible? ¿Cómo pudo ser? Si no le faltaba nada, si había diálogo, si había información. Si no somos marginales...Si había amor, mucho amor...
Y desde ese día hasta hoy yo aprendí mucho, mucho más de lo que había aprendido en toda mi vida.
Y desde ese día todo cambió.
Todo cambió para bien.
Esa es la historia de mi familia y su reconstrucción.
¿Quién dijo que todo está perdido?
Seguro que no fuimos nosotros.

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